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Las cerezas son luego procesadas en el único
medio mecánico que disponen los granjeros: la máquina
despulpadora. Esta máquina separa la pulpa de las semillas que se
encuentran en el centro de cada cereza. Los dos granos que se encuentran en
cada cereza son planos en un lado y redondeados en el otro. La pulpa o
cobertura roja es devuelta al suelo para ser utilizada como abono, mientras
que los granos, aún envueltos en una dura cáscara
apergaminada, son puestos en enormes tanques de concreto.
Aquí se colocan en remojo en agua fría de montaña
durante 24 horas. El remojo provoca una suave fermentación, vital
para el aroma del café.
Los granos son lavados cuidadosamente en largas piletas de concerto. Allí se descartan ramas, suciedad y
granos de baja calidad. A diferencia de granos de otros orígenes, el
Café de Colmbia es café
"lavado", lo que le otorga al Café de Colombia su rico
sabor y aroma.
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Otro aspecto que hace al Café de Colombia tan único es el
alto nivel de las normas de control de calidad del país. Comienza en
las granjas, donde La Federación
Nacional de Cafeteros de Colombia envía inspectores
oficiales para inspeccionar cada granja para verificar las condiciones
sanitarias, la salud de los árboles y la calidad de cada cosecha. El
inspector verifica que los granos han sido lavados correctamente. Examina
el buen tamaño de los granos, color, textura y calidad en general.
Comienza la examinación final removiendo
la cáscara para dejar el grano al descubierto. Luego corta el grano
por la mitad con un cuchillo afilado. Si no hay demasiada humedad en el
grano, las mitades no saldrán despedidas. Si el grano está
demasiado seco, las mitades se separarán demasiado rápido,
pero si el proceso de secado fue correcto, el inspector autorizará
al granjero a llevar su cosecha al mercado. Los granos son puestos en sacos
de arpillera y cargados en jeeps. En algunas
regiones, las mulas son aún importantes medios de transporte para
llevar los granos desde las granjas hacia el mercado.
En el mercado, la cosecha del granjero es examinada nuevamente por el
comprador. Su asistente agujerea los sacos al azar, tomando pequeñas
muestras de café para introducirlas en una pequeña
máquina que remueve la cáscara de los granos. El comprador
los revisa para comprobar el aroma, color, tamaño, humedad y
textura. Sólo las mejores cosechas son vendidas y distribuídas para exportación.
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Los granos son luego llevados al molino, donde son
introducidos en máquinas que les quitan la cáscara
apergaminada y plateada que envuelve a cada grano. Los granos son sometidos
a varios procesos, en los cuales son separados de todas las impurezas y
seleccionados por tamaño, forma y peso. Mujeres jóvenes son
las encargadas de llevar a cabo esta crucial inspección y descaratar los granos de inferior calidad. A partir de
ese momento, los ricos granos de color verde oliva están listos para
ser embolsados y sellados para exportación.
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Luego de este largo proceso, la Federación
otorgará su sello de aprobación. Sin embargo, antes de que
las bolsas sean selladas, otra muestra aún es extraída,
pesada y calificada. Esta muestra de café es tostada, molida, y
finalmente degustada en una taza de café debidamente preparada. Los
expertos dan puntaje por aroma, acidez y uniformidad. Si los expertos no
están satisfechos con la calidad de una cosecha en particular, la
misma es rechazada para su exportación.
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